ACTA APOSTOLICAE SEDIS

 680 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 681

 682 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 683

 684 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 685

 686 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 687

 688 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 689

 690 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 691

 692 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 693

 694 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 695

 696 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 697

 698 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 699

 700 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 701

 702 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 703

 704 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 705

 706 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 707

 708 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 709

 710 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 711

 712 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 713

 714 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 715

 716 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 717

 718 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 719

 720 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 721

 722 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 723

 724 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 725

 726 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Acta Francisci Pp. 727

 728 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio de Causis Sanctorum 729

 730 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio de Causis Sanctorum 731

 732 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio de Causis Sanctorum 733

 734 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio pro Episcopis 735

 736 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio pro Gentium Evangelizatione 737

 738 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Congregatio pro Gentium Evangelizatione 739

 740 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

 Diarium Romanae Curiae 741

 742 Acta Apostolicæ Sedis - Commentarium Officiale

Acta Francisci Pp. 719

NUNTIUS

Ad I° Conventum Latinoamericanum de Pastorali Cura pro Familia.

Queridos hermanos:

Me uno de corazón a todos los participantes en este I Congreso lati-

noamericano de Pastoral familiar, organizado por el CELAM, y los felicito

por esta iniciativa a favor de un valor tan querido e importante hoy en

nuestros pueblos.

¿Qué es la familia? Más allá de sus acuciantes problemas y de sus ne-

cesidades perentorias, la familia es un « centro de amor », donde reina la

ley del respeto y de la comunión, capaz de resistir a los embates de la

manipulación y de la dominación de los « centros de poder » mundanos. En

el hogar familiar, la persona se integra natural y armónicamente en un

grupo humano, superando la falsa oposición entre individuo y sociedad.

En el seno de la familia, nadie es descartado: tanto el anciano como el

niño hallan acogida. La cultura del encuentro y el diálogo, la apertura a

la solidaridad y a la trascendencia tienen en ella su cuna.

Por eso, la familia constituye una gran « riqueza social ».1 En este sentido,

quisiera subrayar dos aportes primordiales: la estabilidad y la fecundidad.

Las relaciones basadas en el amor fiel, hasta la muerte, como el matri-

monio, la paternidad, la filiación o la hermandad, se aprenden y se viven

en el núcleo familiar. Cuando estas relaciones forman el tejido básico de

una sociedad humana, le dan cohesión y consistencia. Pues no es posible

formar parte de un pueblo, sentirse prójimo, tener en cuenta a los más

alejados y desfavorecidos, si en el corazón del hombre están fracturadas

estas relaciones básicas, que le ofrecen seguridad en su apertura a los demás.

Además, el amor familiar es fecundo, y no sólo porque engendra nuevas

vidas, sino porque amplía el horizonte de la existencia, genera un mundo

nuevo; nos hace creer, contra toda desesperanza y derrotismo, que una

convivencia basada en el respeto y en la confianza es posible. Frente a

una visión materialista del mundo, la familia no reduce el hombre al estéril

utilitarismo, sino que da cauce a sus deseos más profundos.

1 Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 44.